Hay fines de semana que se viven tan intensamente que parece que el tiempo se encoge, que las horas se deslizan sin permiso, y que el reloj juega a nuestro favor solo para reírse al final. Así fue este fin de semana en Lamuño, pueblecito de Asturias, una pequeña aventura entre amigos que ya se ha ganado un rincón en la memoria.Desde el primer momento, el aire del norte nos envolvió con ese olor a verde, a mar y a libertad. Entre montañas y sidra, entre playas y risas, fuimos dejando atrás la rutina sin darnos cuenta.
Las conversaciones se alargaban sin prisa, las bromas surgían solas, y cada momento compartido tenía ese sabor de lo auténtico, de lo que no se fuerza y simplemente fluye.
Hubo como suele ser habitual, caminatas que terminaron en paisajes que parecían postales, comidas que se convirtieron en festines, y atardeceres que nos pillaron hablando de todo y de nada. Asturias nos regaló su belleza, pero lo mejor fue la compañía: esas miradas cómplices, las risas que aún resuenan y esa sensación de que, cuando estás rodeado de buena gente, cualquier lugar se convierte en hogar.
Y entonces llega el domingo, ese instante en el que el cuerpo quiere quedarse, pero el calendario insiste en recordarte que todo lo bueno también tiene un final, y el lunes hay que trabajar.
Nos despedimos con abrazos, promesas y una certeza: esto no termina aquí. Porque cuando algo se disfruta tanto, no puede ser una simple escapada, sino el comienzo de muchas más.
Gracias, amigos, por el fin de semana, por las carcajadas, por la complicidad y por hacer que cada minuto valiera la pena. Lo mejor de todo no fue el lugar, ni siquiera el momento: fueron las ganas que nos quedan de repetir.
domingo, 2 de noviembre de 2025
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
Comenzamos el día, lamentando las bajas de los otros componentes del grupo, pero no había vuelta atrás, y montados en la furgo a las 8:00 e...
-
Aprovechando el refrán "veranillo de San Martín, dura tres días y fin". Otra vez y para algunos es el cuarto fin de semana, nos di...
-
"Las hayas son la leyenda. Alguien, en las viejas hayas, leía una historia horrenda de crímenes y batallas. ¿Quién ha visto sin tembl...


